Bioequivalentes crecen 10 veces en cuatro años y representan 12% del mercado de fármacos

Desde creación del sello de bioequivalencia en agosto de 2012, estos pasaron de 107 a 1.110.

Desde agosto de 2012 los medicamentos bioequivalentes, aquellos que demuestran tener el mismo principio activo que un medicamento referente o de marca y poseen también la misma efectividad, pese a ser de distintos laboratorios, deben llevar en su envase un sello amarillo distintivo.

A cuatro años de la norma, 1.110 medicamentos presentaron sus estudios ante el Instituto de Salud Pública (ISP) y hoy tienen bioequivalencia certificada, un crecimiento de 10 veces en cuatro años. Del total de registros vigentes de medicamentos en Chile, 9.300, los bioequivalentes corresponden al 12% del mercado.

Para el jefe de la División de Políticas Públicas del Ministerio de Salud (Minsal), Tito Pizarro, la cifra es un logro, pero reconoce que le hubiera gustado que fueran más productos bioequivalentes. Esto implica, dice, que la población tiene más alternativas seguras y eficaces para tratar una enfermedad y mejores precios por la competencia que genera.

“La bioequivalencia se está instalando en Chile, pero falta terminar con la brecha en algunas líneas en las que todavía tenemos pocos medicamentos. Esto hace que a veces, cuando un profesional prescribe un medicamento, el paciente tenga solo dos alternativas”, dice Pizarro. Pasó con la levotiroxina sódica y el acidoacetilsalicílico, dos productos sin alternativas bioequivalentes.

Polémica normativa

Jean Jacques Duhart, vicepresidente ejecutivo de la Cámara de Innovación Farmacéutica (CIF), que alberga a los 17 principales laboratorios del país como Bayer y Pfizer, no está de acuerdo con la modificación a la ley. La razón es que en la farmacia, el vendedor podría terminar sugiriendo lo que él estime. “Desde el comienzo hemos apoyado la bioequivalencia para regularizar los medicamentos y cerrar la brecha de calidad que existe y dar mayor transparencia al mercado. Pero hemos ido muy lento. Ha habido una política no sistemática, no continua y que no ha puesto los incentivos necesarios para que la industria invierta en estudios de bioequivalencia”, dice.

“La discusión de la Ley de Fármacos II cambia las reglas. Es volver atrás. Los fármacos se podrán intercambiar, sean o no bioequivalentes”, critica.

Fuente: La Tercera
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